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Depuración hepática: cuando es necesaria

Publicado el 27/04/2016

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El hígado es la glándula más grande que poseemos y su correcto funcionamiento tiene una repercusión amplia en todo el organismo. Este órgano vital filtra la sangre venosa cargada de todo lo que se absorbe en los intestinos, los pulmones y la piel, cumpliendo una función desintoxicante y purificadora fundamental. Además de secuestrar las toxinas que circulan por el torrente sanguíneo, las neutraliza y facilita su eliminación evitando que se acumulen y puedan dificultar otras actividades fisiológicas que, directa o indirectamente, estén relacionadas con la funcionalidad hepática. Por ello según la medicina complementaria y alternativa, el hígado representa la “piedra angular de la salud humana” y se considera como el elemento crítico que permite al cuerpo mantenerse sano y luchar eficazmente contra las enfermedades.

 

Otra característica a tener en cuenta del hígado es que rara vez hace saber cuando está padeciendo o si necesita atención. No obstante, lo podemos intuir si empiezan a aparecer síntomas tales como: digestiones pesadas, cansancio, piel amarilla, dolor de cabeza recurrente, uñas y pelo débiles, dificultad en la cicatrización de las heridas, etc. Todos ellos pueden estar indicando que la capacidad desintoxicante de este órgano esté limitada por un mal funcionamiento, lo cual conllevará que las sustancias nocivas presentes en la sangre no se eliminarán correctamente ni se neutralizarán los radicales libres potencialmente peligrosos para la salud. Por tanto los agentes tóxicos se irán acumulando dificultando aún mas la acción de desmantelamiento que ejerce el hígado, bloqueando en muchos casos el sistema de drenaje de la bilis y pudiendo contribuir a la formación de cálculos biliares en la vesícula, lo cual perjudicará finalmente al proceso digestivo y de absorción de los nutrientes. En dichas circunstancias, es decir, cuando existe la posibilidad de una intoxicación, aunque leve de este órgano, es importante llevar a cabo una depuración hepática.

 

Las consecuencias pueden afectar a distintos órganos y tejidos sin que estén aparentemente relacionados con este sistema. Pongamos un ejemplo: cuando la comida del estómago llega al duodeno, se mezcla primero con la bilis y los jugos pancreáticos pero, la presencia de los cálculos biliares puede reducir en gran medida su disponibilidad, dificultando la capacidad de las enzimas pancreáticas para digerir carbohidratos, proteínas y grasas. Algo que, a su vez, impide al intestino delgado asimilar correctamente los componentes nutricionales. Una mala absorción debido a la falta de bilis, que es necesaria para que se produzca de forma adecuada la digestión, puede manifestarse con diarrea, pérdida de peso y déficit de absorción de vitaminas liposolubles como la vitamina A, D, E y K.

 

Por otro lado, las comidas que no han sido digeridas correctamente tienden a fermentar y descomponerse en el intestino grueso acarreando molestias, tales como: dolor abdominal, náuseas, pesadez, ardor, estreñimiento y flatulencia. Así se explicaría porque, una carencia en la disponibilidad de la bilis o dispepsia hiposecretora puede ser un agravante en enfermedades tan diferentes entre ellas como lo son la diabetes, la osteoporosis o la anemia.

 

Entre las pautas que pueden ser útiles a la hora de evitar la intoxicación del sistema biliar destacamos: adoptar una dieta baja en grasa animal, reducir el consumo de alimentos precocinados, controlar el consumo de alcohol, evitar el marisco crudo y no superar las dosis recomendadas de los medicamentos. Hay que recordar que el proceso de desintoxicación del organismo no se alcanza con medicamentos ni píldoras milagrosas. Para ello debemos adoptar una serie de hábitos de vida que contribuyan al proceso depurativo y mejoren la circulación sanguínea favoreciendo el aporte de oxígeno y nutrientes, lo cual ayudará a estimular el hígado y los riñones facilitando la limpieza interior.

 

A nuestro alcance también tenemos excelentes remedios fitoterápicos a base de Cardo mariano (Silybum marianum (L.) Gaertn.), Ortiga (Urtica dioica L.) o Alcachofa (Cynara scolymus L.) que por sus propiedades hepatoprotectoras y desintoxicantes ofrecen una valiosa ayuda al fin de conseguir una completa depuración del hígado.

 

Vía: herbovita.com

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