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Alimenta el cerebro de tu hijo para aumentar su rendimiento

Publicado el 01/12/2014

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El rendimiento escolar de los hijos suele ser una de las mayores preocupaciones de los padres. El problema es que entre uniformes escolares, libros, cuadernos, pautas para motivarles y entrevistas con sus tutores para conseguir una buena sinergia, aspectos tan esenciales como su alimentación suelen quedar en un segundo plano, cuando son una baza fundamental para ayudarles a mejorar su rendimiento.

 

Dos aspectos básicos

Pese a que todos nos esforzamos por proporcionar a nuestros hijos una dieta variada, completa y equilibrada, las apetencias particulares de los niños, el desconocimiento de cómo combinar los alimentos de forma óptima o el ritmo diario con sus exigencias hacen con frecuencia difícil llevar a término la alimentación perfecta. Sin embargo, podemos llegar a ella abordando dos aspectos complementarios:

 

  • Detectar los déficits nutricionales más habituales en la dieta infantil, y que acaban pasando factura a nivel intelectual.
  • Tener en cuenta que existe toda una gama de superalimentos que pueden complementar y reforzar las necesidades nutricionales del escolar, especialmente ante determinados retos o en los momentos más críticos del año.

 

Detecta los déficits nutricionales

De todos los nutrientes que podemos aportar a los niños para potenciar sus capacidades intelectuales, los ácidos grasos omega 3 son, quizás, los más desconocidos. Según los datos publicados en el estudio enKid -la primera gran investigación realizada en España sobre población infantil-, los niños españoles en edad escolar no llegan a cubrir con su alimentación ni la mitad de sus necesidades diarias de estos aceites esenciales. Esto se debe, fundamentalmente, al bajo consumo del principal alimento que los provee: el pescado.

 

Si tu hijo no toma un mínimo de 3 raciones de pescado a la semana, está en deficit de ácidos grasos omega 3.

 

La importancia del DHA en el desarrollo cerebral

Los aceites marinos son especialmente ricos en dos tipos de ácidos de la familia omega 3: DHA y EPA. El DHA no sólo es el ácido graso omega 3 que reúne un mayor número de propiedades en el campo de la salud, sino que además es una grasa crucial para el desarrollo del sistema nervioso y visual, puesto que forma parte de la estructura de las neuronas y las células de la retina. Al final de la gestación y en los primeros años de vida del niño las necesidades de DHA son especialmente altas y siguen siendo muy importantes hasta los 20 años aproximadamente, ya que el tejido cerebral prosigue su madurez hasta esa edad.

 

Múltiples ensayos clínicos han demostrado que la ausencia de DHA comporta déficits neurológicos y visuales, pero lo más sorprendente e interesante ha sido descubrir que una adecuada y continuada ingesta de este ácido graso puede mejorar la fluidez verbal, el coeficiente intelectual y la concentración, así como disminuir el riesgo de conductas antisociales y la aparición de trastornos de déficit de atención.

 

Los valores deseables

Las necesidades de DHA en los niños mayores de 2 años son, según la EFSA (European Food Safety Authority), 120 miligramos al día. Estamos muy lejos de cumplir estos valores porque los estudios demuestran que no se consume suficiente pescado en España para aportar esas cantidades de DHA. Por tanto, es necesario suplementar la dieta de los niños con complementos nutricionales a base de aceite de pescado que les resulte fácil de tomar.

 

Otros superalimentos imprescindibles

Aun suponiendo que la alimentación de nuestros hijos sea completa y equilibrada, los más pequeños se enfrentan a multitud de contratiempos (enfermedades y convalencencias, épocas de exámenes o de astenia...) que contribuyen a complicar el buen rendimientos escolar.

 

Afortunadamente, existen en la naturaleza una serie de alimentos con propiedades especiales:

 

  • Probióticos: Lactobacilus bifidobacterias...; todos hemos oído hablar de grandes ventajas de los yogures. En el corazón de su eficacia se hallan los probióticos, bacterias que, una vez ingeridas, se incorporan a las paredes de nuestro intestino grueso, pasando a ser denominadas “microflora intestinal”, y que ejercen multitud de efectos beneficiosos. Entre ellos destacan: aumentar la absorción de calcio, hierro y magnesio; sintetizar vitaminas y, sobre todo, mejorar las defensas tantos intestinales (disminuyendo el riesgo de diarreas) como generales. Importantísimo sobre todo en los primeros años de vida, cuando el niño debe enfrentarse por primera vez a multitud de patógenos con un sistema inmunitario aún inmaduro y frágil.
  • Polen: Los gránulos de polen son una mezcla compleja de numerosos nutrientes de gran calidad: proteínas de alto valor biológico, enzimas digestivas, vitaminas B, C y E, minerales y antioxidantes. Juntamente con la jalea real, constituye el superalimento con acción tónico-estimulante más adecuado en la infancia. Al igual que la jalea, es la opción ideal en situaciones de bajo tono vital.
  • Jalea Real: Especialmente aconsejable cuando hay que remontar situaciones de alta demanda, como el inicio de curso, las épocas de exámenes, los momentos de enfermedad y convalecencia, si hay falta de apetito o estados de desnutrición. Los principios activos de la jalea aumentarán su vigor físico y mental, a la vez que le abrirán el apetito.
  • Leticia de Soja: Rica en fósforo y colina, nutrientes esenciales para la actividad neuronal, mejora la memoria y concentración. Darle a tu hijo lecitina de soja durante todo el curso escolar será un plus perfecto para mejorar su rendimiento.

 

Fuente: Revista Dietética y Salud (nº 176)