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El Krill: Gran aporte de omega 3

Publicado el 09/10/2014

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El krill (Euphasia Superba) es un pequeño crustáceo que vive en las frías aguas del Océano Antártico. En el ecosistema, este diminuto camarón forma parte de uno de los últimos eslabones de la cadena alimentaria. Es el alimento básico de los grandes cetáceos, focas y pingüinos y se nutre de plancton. El krill vive en grupos que pueden alcanzar los 30.000 ejemplares por metro cúbico y se caracteriza por llevar en su interior un fotóforo, órgano que le proporciona luminiscencia.

 

El aceite que se extrae de su cola está compuesto mayoritariamente de ácidos grasos omega 3 (EPA y DHA), astaxantina y vitaminas A, D, E y colina.

 

Los omega 3 son ácidos grasos esenciales, nuestro organismo no puede producirlos, por tanto se tienen que introducir a través de la dieta. Estos lípidos cumplen numerosas funciones fisiológicas.

 

Forman parte de la vaina de mielina, estructura que permite la transmisión de las señas nerviosas. Ayudan a retrasar el deterioro en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o la esclerosis múltiple. Se ha demostrado su eficacia en el trastorno del déficit de atención e hiperactividad (TDHA) en los niños. Para el correcto desarrollo neurológico del bebé es importante un aporte extra de estas grasas durante el embarazo y la lactancia. Respecto al sistema cardiovascular son muchos los beneficios que los omega 3 aportan: reducen la hipertensión, fluidifican la sangre evitando la formación de trombos y ayudan a bajar colesterol, triglicéridos y transaminasas.

 

Su acción antiinflamatoria es de gran utilidad en el tratamiento de enfermedades como el Crohn, artritis reumática, colitis y psoriasis, entre otras.

 

Krill versus aceite de pescado.

El aceite de krill tiene varias ventajas respecto a los omega 3 procedentes de otros pescados.

 

  • Las grasas poliinsaturadas como los omega 3, son inestables y fácilmente oxidables. En el krill encontramos la ya citada astaxantina, pigmento que le confiere su característico color anaranjado y protege sus grasas. Tiene una acción antioxidante 10 veces superior a la de otros carotenoides y 65 veces más que las vitamina C. Asimismo protege al organismo del estrés oxidativo. Es especialmente beneficiosa para la vista, tonifica el sistema inmunitario, es antiinflamatoria, anticancerígena y protege la piel de los rayos ultravioleta.
  • Los ácidos grasos del krill se presentan en forma de fosfolípidos, mucho más biodisponibles respecto a los triglicéridos de los aceites de otros pescados.
  • Hoy en día, a causa de la contaminación ambiental, en los mares se encuentran metales pesados como el mercurio, el cadmio y el plomo. Estas partículas nocivas se almacenan en el tejido graso de sus habitantes. Por la ley natural del "pez grande se come al chico", los peces de mayor tamaño como los atunes son los que más metales pesados acumulan. Aunque los aceites de pescado que encontramos en el mercado están sometidos a un proceso de depuración, algo siempre queda. El krill, al ser el más pequeño de todos, nos garantiza menor contaminación.
  • El aceite de krill contiene pequeñas cantidades de omega 6 y 9, que optimizan su absorción.

 

El aceite de krill se comercializa generalmente en perlas. La dosis mínima de mantenimiento es de 500 mg diarios, que puede llegar hasta 4 gramos al día, según el caso. Se recomienda tomar las perlas con las comidas para mejorar su asimilación y evitar que repita.

 

Fuente: Revista Integral nº 418