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Esencias Florales

El potencial terapéutico de las flores es producto de la perfecta interacción entre el sol y la tierra. A través de esta interacción se precipitan las fuerzas plasmadoras que descienden para dar vida al programa latente en la semilla. En la flor están implícitos los campos de resonancia mórfica que se precipitan en el patrón de organización geométrica de las formas.

La sabiduría de la naturaleza ha puesto a nuestro alcance, si sabemos reconocerlos, los remedios adecuados a todas las situaciones. Por su posición en el concierto de la evolución, la flor es dentro del reino vegetal un punto nodal de resonancia armónica que nos permite impregnarnos de la memoria de arquetipos de armonía y de belleza. No es su composición molecular, ni su perfume, es esa fuerza plasmadora sutil que contiene, en la armonía de sus formas, el presente de la raíz y la savia, y el futuro de sus frutos. La flor es como una matriz sutil que alberga la eternidad latente en las semillas.

Un sueño de la medicina de todos los tiempos ha sido el tratamiento de la causa y no simplemente los efectos de las afecciones. Cada vez más, la ciencia descubre a través de la psiconeuroinmunología y la epigenética que nuestro modo de pensar y de sentir se plasma en nuestra genética, determina la expresión de nuestros genes y de nuestros modos de vivir, de enfermar y de morir. En esa dimensión epigenética de los sentimientos, donde se conjugan pensamientos y emociones que programan nuestra biología, encuentran su campo de resonancia los patrones de información contenidos en cada flor.